miércoles, 11 de noviembre de 2015

Fragmento de Alma Peregrina.

¨Mi flor favorita te espera en el balcón....allí nos sentaremos a conversar de cómo estuvo el día o nos quedaremos abrazados en silencio....largo rato...con un solo pensamiento al mismo tiempo; ¿dónde estabas?¨ -estaba entre nardos, te contesto, reviviendo el pasado. Buscando en la luz de tu alma momentos que iluminen mi presente. E.P. Alma Peregrina.

jueves, 15 de octubre de 2015

Aún.

Aún
(fragmento de alma peregrina)


Camino hoy entre suspiros, extrañando mi almohada azul lavanda con monograma opalino.
Mi cómplice fiel de aquellas noches en que en ti pensaba, hace ya tantos años_ Cuántos? Treinta? Cuarenta?...discurrían los años setentas.
Para aquellos días estaba segura de que hoy estaríamos juntos, saldríamos a bailar o al cine…me imagina contigo en un parque de  París o disfrutando una fogata junto al mar. En las islas griegas escribiendo poemas o discutiendo sobre filosofía, quizás escuchando música en una tarde de lluvia algún domingo.  

Pues bien…aún estoy sola, escucho música siempre, todavía no he ido a París contigo y mucho menos a Atenas…He leído a los griegos, me encanta su mitología, me enamore del valiente Héctor y a mis hijos y alumnos les he hablado de su honor.  Platón esta siempre cerca, en sus diálogos o en sus frases. Hablo un poco de francés, leo en inglés. Estudié el Guita y recito alguno de sus versos en sanscrito.
Mi vida se ha quedado un poco entre libros, poemas y sueños. Aprendí a cocinar platillos exóticos de la India y del Líbano por si volvías hambriento…en mi comedor un buen vino me observa y juntos miramos el tiempo; canto en italiano y en portugués, bailo desde tango hasta tarantela….pero tu voz se perdió en un atardecer y nunca he vuelto a verte…sigo esperándote en una noche de lluvia…donde se escuchen los grillos y las chicharras.







Copyright©2013 Elizabeth Polanco. All Rights reserved.



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Equinoccio de otoño

Equinoccio de Otoño
Tiempo de sueños cumplidos
de  reflexiones, evocaciones…… encantos
iniciar  de nuevo la jornada
y restaurar cada hoja caída.
explorar cada minuto de su ocaso
Y arrobada en  su  paz  caer en su regazo
transportada  hacia el plano del silencio
meditar en sus nubes, compartir su misterio
Otoño
cambio, transformación . nueva contienda
camino iluminado cubierto  de esperanzas
en cada mañana un sueño,
en cada noche  añoranzas
Otoño
atardeceres  lilas y dorados
dorada la luz de sus  auroras
rastros  en el tiempo de vientos lejanos
de  angustias olvidadas
de lianas  transmutadas.
Otoño………
un encuentro con el alma y  las memorias
evocando los ritos,  los cantos, las salmodias
celebrando  la vida, festejando el presente.
vivir  el otoño es resurgir,  
recordar , aprender……rebrotar
Otoño es despertar y en cada día,th
descubrir que nacemos, lozanos todavía.




 Elizabeth Polanco en Campo de lirios

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Elizabeth Polanco. All Rights reserved.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Ecos de Egipto. Naguib Mahfuz.


Al  ir a ordenar mi biblioteca, me encontré, detrás de una estantería, una rosa seca con los pétalos esparcidos. Sonreí, Las profundidades del remoto pasado mostraron una luz pasajera....una fragancia que era como un susurro se escapó de los pétalos secos¨ Naguib Mahfuz en Ecos de Egipto.

viernes, 23 de mayo de 2014

Fulgores

Pensamientos

El poeta cuando escribe no tiene prisa…juega con las palabras y los sonidos…descubre los tonos , los colores y los maravillosos símbolos que son las letras. Elizabeth Polanco.


Copyright ©2014 Elizabeth Polanco. All Rights reserved.

domingo, 20 de abril de 2014

La dama de Magdala.

La dama de Mágdalo Presintió que la noche sería larga. Descansaba en el atrio de su castillo-templo, con la mirada perdida en el nublo firmamento, anhelante, ese cielo que antes creyó inalcanzable. Mirando hacia lo alto, descubriendo en sus colores el reflejo de su desolación, abstraída, conturbada de dolor, contemplaba el gélido ocaso. Su sueño se perdía en el horizonte incierto de aquel espacio vacío de la nada, de minutos con sabor a viaje sin retorno. Trataba de ver más allá de los límites de su imaginación. Allí tampoco encontró consuelo. Sin embargo, por breves momentos, la embargaba una paz incomprensible que le devolvía esperanza. ¿Estaba delirando? ¿Eran paz y serenidad lo que evocaba su alma sin entender por qué? ¿Preludio divino? Permaneció despierta hasta alcanzar el alba, orando y salmodiando, tocando la lira, su amiga fiel; aquella que le acompañaba a cantar sus versos en el silencio de la madrugada, haciendo eco de su alma: “Los cielos proclaman la gloria de Dios”.* Supo que debía cumplir con la misión, el sagrado ritual de cubrir aquel cuerpo santo. Le embargaban sentimientos de pesadumbre y devoción. Salió despacio. Con ella llevaba los aromas ‒esencias de nardos, rosas blancas, sándalo y alabastro‒ que esperaban guardados por días en su baúl. Culminaría con solemnidad el rito bendito, el signo que sella la sagrada alianza del sacerdote y maestro con sus devotos. La alianza del único y verdadero amor, el amor eterno que trasciende el tiempo, el que permanece inquebrantable en el espíritu puro del amor divino. La aurora visitaba la mañana, llegaba lentamente. El primer rayo de luz fue cómplice de las horas del solemne momento. Caminó bajando entre palmeras, vislumbrando los picos distantes. Los olivos y cedros fueron testigos de su desolación. * Salmos 19:1 19 Más que caminar, se deslizaba por aquellos montes, donde el verdor, las piedras y las flores todavía se mecían repitiendo Su voz. Junto a la roca, justo entre las palmeras, se encontraría con Salomé y María de Cleofás. Unidas llevaron a cuestas el mismo dolor, el mismo fulgor de luz que Él había dejado en sus corazones como huella de gozo permanente. En la aurora se consagrarían con fervor y devoción a la dulce renuncia. Aquellas horas sombrías daban paso a la alborada. Reverentes las tres, con un grito silente, esperarían para entrar a la cripta. En un solo instante, con mirada exultada, descubrió la verdad. El asombro lo sintió su cuerpo, su mente no entendía. El lugar estaba desierto, el signo era revelador, no estaba Su cuerpo. En su desconcierto, una luz de esperanza crecía en su pecho. De repente escuchó una voz sutil con aquel tono que tanto conocía; pero que ahora percibía con un acento de inexplicable paz. Era su nombre pronunciado por Aquel que veneraba. De su corazón brotó un canto de adoración, de llanto refrenado, profundo, casi un susurro de su alma y con ella su voz exhaló en cariz reverente, enternecido, anegado de júbilo, aquella palabra que quedó grabada para siempre en el tiempo, a través de los tiempos: ¡Rabbuni!

domingo, 18 de agosto de 2013

Confesión

Escribo tejiendo hilos de olvido que dejan la aurora remendando quimeras y zurciendo añoranzas; evocando las horas, los pasos que atesoro de los que van conmigo. Soy escritora porque escribo en duermevelas del alba y en madreperlas de ensueños. Soy poeta porque siento que me envuelve cada verso cuando al fluir me cubren y colman de paz mi mente. Escribo para recordar jornadas compartidas. No escribo para críticas o juicios. Escribo porque mi alma quiere dejar sus huellas junto a estelas de recuerdo.