De pozos, faros y molinos
Los pozos son profundos, lugar de oportunos encuentros,
salvíficos, otras veces
Algunos vistos desde lejos; imponentes, de particular
encanto, pero al llegar a ellos, estaban secos, fríos y oscuros.
Otros regios, de leyendas, entre montañas, de hermosos jardines, pero
inaccesibles, lejanos. no logras adivinar sin tenían agua o estaban secos,
inútil el esfuerzo de acercarnos, muy distantes o custodiados. Quizás eran
espejismos.
Los pozos de los campos, en cambio, los
del desierto, o los pueblos, esos son sencillos, de blancas piedras, limpios,
con un torrente de agua inagotable, siempre a su lado el fiel balde para sacar
de él lo que en verdad necesitas. Esos a veces están escondidos entre arbustos
o detrás de una montaña, o tal vez en jardines, bosques o en alguna estancia
abandonada, o quizas elevar una plegaria hasta encontrarlos, descubrirlos
tiene su misterio, su ritual.
Aunque estés sedienta no debes beber de cualquier
pozo; observar bien los caminos, con cuidado detenerte en los detalles, y si
tienes la dicha de encontrar alguno, cércalo con piedrecillas de colores,
siembra rosas y lirios a su alrededor, y empuña el báculo de Séfora para
defender su entrada, con libre acceso para el que no pueda hacer daño, dile al
mundo que encontraste tu pozo, comparte su agua con prudencia, cuídalo del sol
y la tormenta, es tu responsabilidad no tu pertenencia. Es tu descanso, tu
fuerza y tu alegría, al fin calmó la sed que buscaba tu alma.
Copyright ©2010 Elizabeth Polanco. All Rights reserved.
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